jueves 9 de febrero de 2012

Letanías periodísticas

50 verdades subjetivas sobre este oficio en su día

No. Ése no es Bill Gates. La chiva, ¿para qué?

1. El periodista no debe saber, sino averiguar. Después de un tiempo, sabrá de todo un poco.

2. El periodista debe informar bien, antes que informar rápido. “La chiva es la prostitución del periodismo colombiano”, en palabras de Germán Castro Caicedo.

3. El periodista deportivo es, ante todo, periodista. No todo es fútbol.

4. El periodista de planta sabe que la independencia no existe. Menos, si trabaja en un medio grande.

5. El periodista no sólo trabaja de 8am a 6pm. Un terremoto o un mundial en Corea no respetan horarios oficinistas.

6. El periodista debe leer. Lo que sea, lo que le guste, lo que dé contexto para enriquecer su producción.

7. El periodista famoso de radio tiene una decena de productores que le investigan todo. No es que Julito sea la mata de la sabiduría.

8. El periodista debe evitar los eufemismos. Menos “vehículo de tracción animal” y más zorras. Las cosas como son.

9. El periodista colombiano nunca será millonario. Siempre estará más cerca de datacrédito que de los lujos.

10. El periodista, insisto, nunca se hará millonario con el periodismo. Lo ejerce por vocación.


Periodista ciudadano: no se quede callado, ¡renuncie!
11. El periodista no tiene que haber estudiado periodismo. Cultura y sentido común son suficientes para ejercer el oficio.

12. El periodista colombiano, sin embargo, se molesta con que el periodista más famoso de su país sea zootecnista.

13. El periodista ciudadano no debe existir. Es un recurso de los medios para ahorrarse plata.

14. El periodista recién egresado rápidamente se da cuenta que casi todo lo que aprendió en la Universidad no sirve en la vida profesional.

15. El periodista no entiende cómo los grandes medios pagan millonadas a sus estrellas, pero no tienen con qué pagarle a sus practicantes.

16. El periodista jamás debe ser enemigo de la porno miseria. Kapuściński se retuerce en su tumba cuando un periodista le pregunta a una madre cómo se siente por la muerte de su hijo.

17. El periodista que comenzó a ejercer en la Universidad, tendrá trabajo asegurado después de graduarse.

18. El periodista nunca debe disfrazar un contenido comercial como una noticia. Nunca. Lo de las camionetas de De Francisco y  Moure es infame.

19. El periodista que escribe comunicados de prensa debe aprender a hacerlo mejor, porque suelen quedar desastrosos.

20. El periodista, especialmente de radio, debe pronunciar correctamente la X y las consonantes seguidas. Muchos no lo hacen.

Wikipedia: the new Encarta

21. El periodista tiene una función social. Lo dice John Lee Anderson. “Se debe ser intermediario entre el que no tiene poder y el que sí lo tiene”.

22. El periodista precario usa a Wikipedia como fuente. El periodista decente también lo ha hecho alguna vez, pero no lo acepta.

23. El periodista debe usar la tecnología como herramienta, pero no ser esclavo de ella. Tuitear desde el baño es enfermizo.

24. El periodista lamenta que por cada 169 horas que se informa sobre la vida de los famosos, se informe sólo una sobre la pobreza en el mundo.

25. El periodista colombiano no suele sintetizar sus preguntas durante ruedas de prensa.

26. El periodista freelance es experto en radicar cuentas de cobro. Su RUT está en preocupante estado de deterioro.

27. El periodista fuma. Si no fuma, toma tinto en exceso. Ambas, preferiblemente.

28. El periodista posiblemente nunca sabrá lo que es una pensión. En la vejez, será clave que sus hijos o nietos lo mantengan.

29. El periodista recién egresado debe tener paciencia. Ya lo dice Woody Allen. “El 90% del éxito consiste en insistir”.

30. El periodista es un líder de opinión. Lo que diga influenciará a muchos. Y ese poder implica responsabilidad.

No amigo. Tener un blog no lo hace periodista

31. El periodista deportivo debe evitar sinónimos ordinarios. ¿Por qué “elenco cuyabro”, si se puede decir “Quindío” a secas?

32. El periodista económico y de temas especializados debe informar con simpleza. La idea es que le entiendan lo que informa, ¿no?

33. El periodista recibe múltiples invitaciones a almuerzos, eventos y cocteles. La mayoría arrasa con el mini bar y se come hasta las servilletas.

34. El periodista extraña a las extintas unidades investigativas. Internet y la inmediatez acabaron con ellas.

35. El periodista debe preservar el género de la crónica: estratégico punto medio entre noticia y literatura.

36. El periodista se molesta con las personas que, por tener un blog, se hacen llamar periodistas.

37. El periodista nunca es imparcial. No es un robot para serlo.

38. El periodista digital es tomado cada vez más en serio. La gente ya no compra el periódico. Lo lee por Internet.

39. El periodista deportivo no es un futbolista frustrado. El periodista político no es un congresista frustrado. El periodista cultural no es un músico frustrado.

40. El periodista que presenta noticieros viste saco y corbata, pero también jeans y tenis. La cámara no lo delata porque no lo toma de la cintura para abajo.

Si se equivoca, no se hunda solo. Culpe a su Editor

41. El periodista cobra horas extras, una figura en vía de extinción en otros oficios.

42. El periodista es envidiado por sus amigos, hasta que se dan cuenta que anda sin un peso.

43. El periodista serio siempre llega a los consejos de redacción con temas en la cabeza.

44. El periodista que se equivoca divide culpas con su editor.

45. El periodista debe revisar que su grabadora o su cámara esté cargada. No vaya y sea que se dañe la exclusiva de su vida por falta de pilas.

46. El periodista alguna vez alardeó de su profesión para flirtear. Pocos lo admiten.

47. El periodista debe evitar los lugares comunes lingüísticos. “Momentos de pánico se vivieron…” y  frases similares, están mandadas a recoger.

48. El periodista bogotano debe cargar un libro para leer durante los trancones. Al final del año habrá leído más que un literato noruego. El consejo aplica para todos.

49. El periodista es, ante todo, una persona. Por eso la autocensura  es una opción. La vida primero.

50. El periodista colombiano celebra su día el 9 de febrero porque se conmemora la aparición del “papel periódico de la ciudad de Santa Fe de Bogotá (1791)”, primer periódico impreso en la historia del país.

Del periodismo oficinista, líbranos Señor.

domingo 29 de enero de 2012

Lunes

Y al octavo día, volvió a ser lunes

El otro día me arrolló la tristeza. Fue de un momento a otro y no parecía haber una razón en particular. Recuerdo que recién había terminado una veloz ingesta de comida procesada y aunque tardé un buen rato en comprender la situación, finalmente lo hice. Era domingo y estaba en McDonald’s. El día y el lugar explicaban perfectamente la sensación que me produce la llegada del lunes.

No sé a ustedes, pero, para mí, lunes quiere decir madrugar cuando aún está de noche. Despachar mucho trabajo con pocas ganas. Mandarme un tinto por la mañana y un energizante por la tarde. Encarar una o dos reuniones insoportables. Sentarme once horas frente al computador. Producir más chatarra que el resto de los días. Aguantarme el dolor de espalda y el desasosiego.

Esa noche pre-lunes, luego de esa comilona en McDonald’s, el desánimo me escupía en la cara, mientras yo me limitaba, con pitillo en boca, a chupar lo que quedaba de gaseosa… y de semana. De vuelta a mi casa, pateando piedritas e intentando reponerme de la indigestión, intentaba ordenar mis ideas para evitar que el lunes me atropellara tan fuerte.

Ronald McDonald y su freelance como asesino

Lo curioso del asunto es que el día siguiente no era un lunes cualquiera. Viendo en Internet, me enteré que se conmemoraba, nada más y nada menos, que el día más deprimente del año. ¡Sí señores! El día más deprimente del año. Un tarado yo, que no entendí las señales de la indigestión dominical. Me hubiera levantado una excusa médica falsa para no pararme de la cama en todo el día.

Y es que si al colombiano promedio, Datacrédito, Télmex y RCN ya se encargan de salpicarlo de depresión los 365 días del año, imagine usted un día en especial que sobresalga sobre los demás por ser aun peor. A mí se me destiemplan los dientes de sólo pensarlo.

Resulta que según un estudio de la universidad de Cardiff (en Gales: un país sin analfabetismo, ni Juanes, por lo cual deben vivir menos deprimidos que acá), el tercer lunes del mes de enero, o Blue Monday para los más refinados, es considerado el día más deprimente del año. Variables como las deudas, la desmotivación, el clima y comenzar a incumplir los propósitos de año nuevo, se tuvieron en cuenta para llegar a esa conclusión.

El 2012 tendrá menos lunes gracias al fin del mundo

Y con excepción del clima (en el país del Sagrado Corazón no hay estaciones), lo que sugiere el estudio bien puede aplicarse a nuestras latitudes. Ahorrar, hacer dieta, dejar de fumar, hacer ejercicio, no volver donde las putas. Cuando corre el tercer lunes del año, el sujeto promedio y sin voluntad, como usted y como yo, fácilmente ya ha incumplido con lo que se propuso.

En general, los lunes apestan y siempre dudaré de la sinceridad de quien diga lo contrario. No por nada, la población suicida alrededor del mundo elige preferiblemente los domingos para volarse la cabeza con una pistola, meterse en la bañera con una tostadora enchufada, tomarse un puñado de pastillas, o colgarse del techo. En países como Rusia y Lituania, por ejemplo, es un método más que común para evadir la rutina y los problemas que llegan con este fatídico día.

Aclaro que no soy quién para cuestionar la forma en que cada persona enfrenta su inicio de semana. Los yuppies, por ejemplo, le pagan 2 millones al mes a un coach para que les recuerden que la inundación del campo de golf del club no es un problema. Las señoras, en cambio, esperan bendiciones de un Dios despiadado que si no hace nada por los 200 niños que mueren a diario en Etiopía, mucho menos las va a escuchar. Los padres viven por sus hijos, los hipsters, por sus gatos, y así sucesivamente. Cuestión de fe.

Una tostadora y una tina: efectiva combinación

Pese a todas mis prevenciones iniciales, debo admitir que ese lunes no me fue tan mal. De hecho, fue un día más que normal, en el que incluso me encontré un billete de 5 mil pesos en la calle. Pero no era para salir a untarse maicena en la jeta, ni mucho menos. Fui sensato y recordé que después del Blue Monday, al 2012 le quedaban todavía 49 lunes. O bueno, 47, si es que la profecía Maya se cumple. Cruzo dedos para que así sea.


jueves 17 de noviembre de 2011

Barranquilla no debe ser la sede de la Selección

Reviviendo muertos en el Metropolitano

Esta semana viajé a Barranquilla a ver a la Selección. Fui como hincha, no como periodista. Pedí una semana de vacaciones en el trabajo, convencí a un amigo para que me acompañara, compré tiquetes aéreos con un mes de anticipación, hice 6 horas de fila para conseguir una entrada y descuadré mis ahorros.

Aclaro, soy futbolero, pero no inconsciente. Comparto la frase de Valdano: “el fútbol es lo más importante de lo menos importante”. Mi peor temor no es que Millonarios nunca vuelva a ser campeón. Es aparecer reportado en Datacrédito. Cuestión de sentido común.

Igual, ir a Barranquilla valía la pena. O eso era lo que creía. Iba a ocurrir mucho más que un partido de fútbol. Era Argentina. La oportunidad de ganarle a un peso pesado del fútbol, el privilegio de enfrentar al mejor jugador del mundo y de ver más cerca la opción de volver a un mundial después de 16 años. Ingenuo que es uno.

El Presidente y la Reina. Que viva Colombia

Para esta eliminatoria, la Colfútbol eligió a Barranquilla como la casa de la Selección. La eligieron a dedo, claro y hace unos meses la confirmaron en un comunicado con mala ortografía y errores de puntuación, muy de ellos. Pero bueno, en Barranquilla se logró el paso a 3 mundiales. Había que darles el beneficio de la duda y creer que, por esta vez, no estaban tomando una decisión pensando en llenarse los bolsillos.

Pero el empate con Venezuela de días atrás en el Metropolitano volvía a sembrar las dudas de siempre. Una clásica torpeza de Amaranto Perea había provocado el 1-1 final. Y Colombia sufrió por la poca convicción y la mentalidad mediocre que la ha alejado de los 3 últimos mundiales. Y seguía Argentina. Era preocupante.

Por TV ya había visto a un montón de descerebrados apoyando a Argentina en el hotel donde se hospedaban. Unos genios. Los hacían sentir en casa. Y al llegar, vi lo mismo. Mucha camiseta chiviada de Messi. Mucha arenga a favor de los argentinos. Incluso un pusilánime salió diciendo en Fox Sports que amaba a ese país. Hoy le sacan los ojos en redes sociales.

Comparación desproporcionada y efecto Refisal

En el estadio, este fenómeno se vio con fuerza. 'Costeños-argentinos' por todo lado. Inconcebible. Ni hablar de 3 señoras con sobrepeso que estaban al lado mío en la tribuna y que, con videograbadora en mano, siguieron a Messi todo el partido, cantando y celebrando incluso el 1-1 parcial del extraterrestre del Barcelona.

Ya entiende uno porqué el costeño tiene la fama de que no trabaja. Nadie puede hacerlo con ese clima. En Barranquilla, el calor y la humedad dejan al turista al borde del colapso. Menos mal pagué un poco más por occidental y el sol no me cayó de frente. Se me habría insolado la jeta. Pues bien, la Selección Colombia, en su condición de turista, sufrió el calor y jugó medio partido caminando. ¿Cuál ventaja el clima si juegan todos en Europa? Ya le decía James Rodríguez a un periodista argentino rumbo a Bogotá. “No podemos jugar en Barranquilla. El calor nos mata”.

El cansancio, las malas decisiones de Leonel Álvarez, los errores individuales y 3 goles claros errados por Ramos, Jackson y Zúñiga anticipaban la derrota. En tanto, el hincha tropical lamentaba el ingreso de Dayro y Darwin y coreaba al unísono: “Teo, Teo”. La subjetividad por delante. Al final, por suerte, el ídolo barranquillero, el mismo que falló un gol bajo el arco ante Venezuela y que muestra no importarle en lo más mínimo jugar con la selección, no iba a entrar.

El hincha local pide a Teófilo

Cuando empezó el tradicional “sí se puede”, que en realidad significa “no se puede”, supe que estábamos condenados. La clásica arenga derrotista retumbó en el Metropolitano y dejó todo listo para que el Kun Agüero marcara el 2-1 final.

Y mientras yo veía cómo la gente comenzaba a abandonar masivamente el estadio a más de 10 minutos del final del partido, lamentaba no haber invertido los 700 mil pesos del viaje en ver a Pearl Jam en Lima, y concluía que una plaza cuyos hinchas se van cuando el partido no ha terminado no merece ser casa de la Selección. En Bogotá, me consta, eso nunca ocurrió.

Ahora bien, no nos engañemos. El problema no es de sede. Así como la selección de El Pibe clasificó a 3 mundiales jugando en Barranquilla, también pudo hacerlo en Sogamoso o Jamundí. Actualmente, sucede lo mismo, pero al revés. Como van las cosas vamos a seguir llenando Paninis sin Colombia. Con directivos ignorantes, procesos interrumpidos, convocatorias para vender jugadores, mentalidad perdedora, cobardía y flojera, no van a volver a un mundial jueguen donde jueguen. Pero que al menos que no sea en Barranquilla. Lo único bueno que le veo al Metropolitano es que durante los partidos venden cerveza.

La postal de siempre. Perder no es ganar un poco

martes 22 de marzo de 2011

¡(In)feliz día, periodistas!


Pachito: apología a la estupidez, no sólo periodística.
Ese día amaneció lloviendo, el calentador no encendió y se me hizo tarde. Los clichés mañaneros de la mala suerte se juntaron tratando de decirme algo, que sólo entendí gracias al transistor de mi papá. En una de sus editoriales, el siempre torpe Pachito Santos me lo recordó. Era el día del periodista.

Ese 9 de febrero, el clima rendía un homenaje a mi profesión, ésa que no requiere estudios universitarios para ejercerla, y que celebraba su día en honor a la aparición del primer diario impreso que comenzaba a circular masivamente en Bogotá hace 220 años.

Mamá, no estoy triunfando
'Last action hero': una idiota inspiración

Cuando niño, mucho antes de saber que en este oficio uno jamás se pensionará, que pagan una miseria, que las jornadas de trabajo duran 14 horas y que uno de sus máximos exponentes iba a ser un zootecnista… al periodismo y a la escritura ya le había encontrado un gusto especial.

Recuerdo como a los diez años trasnochándome mientras le hacía perfiles a los personajes de Street Fighter, reseñando películas como Last action hero e intentando escribir porqué George Weah, pese a ser crack, jamás iba a jugar un mundial por ser de Liberia, una selección muy floja.

Claro, el colegio en que estudié, que formaba matemáticos robóticos, homogéneos y sin carácter, siempre intentó alejarme del camino profesional que, después de todo, terminé tomando con relativo orgullo.

La Universidad: pocos aciertos, muchos desaciertos
Alicia Machado: estudiante promedio de comunicación

Después de pasar por una facultad de comunicación donde se aprendía más sobre Platón y Martín Barbero que sobre crónica y reportaje, y donde un altísimo porcentaje de sus estudiantes emulaba la imbecilidad de Alicia Machado, entendí que no era gratis la mala reputación que tiene la comunicación social.

En la universidad, supe alternar el ocio y las amplias ingestas de alcohol con el estudio, metí las narices donde pude y aprendí mucho de los pocos profesores que le dieron sentido a lo que estudiaba.

La ‘fauna’ laboral

En ruedas de prensa, no alejes la vista de tu grabadora.
Algún periodista (deportivo) puede 'tomarla prestada'

Hoy, tres años después de haberme graduado, relativamente desencantado del oficio, consciente de que en la Universidad se adquiere poca práctica, y dedicado a la pusilánime labor del periodismo digital de escritorio, me siento caminando en una imaginaria cuerda floja que separa al chocoloco, del  oficinista. Y es que en este zoológico taxonómico del periodismo hay más diversidad de la que se cree.

A un lado, está el columnista yuppie-hipster-intelectual que vive con sus papás, gana poco por sus freelances y tiene un Mac (para escribir documentos en Word). Y al otro, el periodista raso (de radio, preferiblemente), que cubre una fuente judicial y que no vive muy bien, ya que los 600 mil pesos que le pagan al mes cierran la puerta a toda comodidad.
"Julito, no me cuelgue..."

Bien podría decir que en medio de ambos me ubico yo. Alguna vez hice algún producto periodístico que me dio orgullo, pero el 95% del tiempo trabajo frente al computador. No gano los 180 millones de Julito, pero tampoco los 600 mil pesos del colega reseñado. Tengo un contrato a término indefinido, pero poquísimas gratificaciones profesionales. Alguna vez llegó a mi información confidencial, pero opté por la autocensura. Antes de periodista, soy persona.

La parte aburrida


Los paladares más románticos tendrán claro que ser periodista y trabajar en un medio de comunicación, no es ser ingeniero y trabajar en una empresa, no es ser contador y trabajar en un banco, no es preparar hamburguesas y trabajar en McDonald's.

El periodismo es un oficio con trascendencia social. Lo que se publique o se deje de publicar, informará o desinformará a la sociedad y la información que se consuma condicionará la opinión a la gente. De ahí, el apelativo de ‘Cuarto Poder’, surgido hace varios siglos y que ubicó a la prensa a la altura de las insituciones protagonistas de la sociedad: familia, Gobiernos e Iglesia, todas, merecidamente desprestigiadas en la actualidad.
'Pateando la lonchera' con el iPad 2

Ahora bien, cumplir con este‘deber ser’ del periodismo es una idea tan real como ese libro de semáforo llamado ‘Gacha está vivo’.


Pensar que vamos a cumplir al pie de la letra la retahíla de la veracidad, la objetividad, el rigor informativo, la administración de fuentes, la noticiabilidad y la verdad es absolutamente inverosímil. El sólo hecho de conformar una empresa periodística, que se lucra para subsistir, condiciona al oficio.

Recuerdo una noticia reciente sobre el lanzamiento del iPad 2, de Apple. Mi editor me quería matar porque publiqué por algunos minutos una información referente al tema que, si bien merecía mención por su importancia, era algo impublicable. Trabajo para una red de portales web de Microsoft y publicar algo sobre el lanzamiento del producto más reciente de Apple, era algo así como besuquiarse con la otra en frente de la novia.

Del afán no queda sino el cansancio

George Orwell: uno de los que advirtió que el
mundo cambiaría con las nuevas tecnologías

Hace unas seis décadas, un sujeto llamado McLuhan lo advertía. Decía que el mundo iba a ser una ‘aldea global’, donde una red imaginaria nos iba a relacionar a todos. Y tenía razón. Las nuevas tecnologías, encabezadas por Internet, han redefinido al mundo y enriquecido la manera en que se informa.

En este contexto, la inmediatez es la más privilegiada. Si Messi se fractura una rodilla, seguramente el mundo entero se enterará en cuestión de minutos. Hasta ahí bien. Sin embargo, habrá que verificar la información e informar bien, porque, como dicen las mamás, del afán no queda sino el cansancio.

En muchos casos, la chiva puede llegar a ser, en palabras de Germán Castro Caicedo, "la Prostitución del periodismo". "No se trata de decirlo primero, sino de decirlo bien", dijo recientemente. Tiene toda la razón.
Alan Jara: igualito a Alan García


Un ejemplo es esta joya de El Espectador, que en 2009 publicó una noticia de última hora sobre la liberación de Alan Jara, ex Gobernador del Meta. Y sí. Del afán no quedó sino el cansancio. En principio, el titular quedó acompañado de una foto de Alan García, Presidente de Perú. Se informó primero, pero se informó mal. Casos como éstos se ven a diario.

Debo confesar que jamás pensé que iba a agradecerle algo a nuestro deshonroso ex Vicepresidente, hoy en día convertido en director de la segunda cadena radial del país. El caso es que, esa mañana del 9 de febrero, su mención al día del periodista me hizo echar cabeza sobre el oficio que desempeño a diario y tomarme un par de horas para escribir este puñado de inexactos juicios de valor.

Kent Brockman: líder de opinión de Sprinfield

Si un día tengo un hijo que decida hacerse periodista lo cuestionaré hasta la saciedad. Y cómo no hacerlo. Es un oficio prostituido en el que se trabaja mucho, se informa mal y, a menos de que se haga parte del privilegiado 0,4% de la superpoblación periodística, se ganará poco. Muy poco. Claro está, si después de mi sermón escoge el periodismo, terminaré apoyando su decisión. Al menos no habrá elegido diseño o publicidad.

sábado 24 de julio de 2010

Bofetada al escepticismo


Llegó, pasó y se fue. Tan fugaz como el anti-monólogo futbolero de Italia y Francia, Sudáfrica 2010 se hizo muy corto y terminó muy rápido, pero lo convierto en el mejor pretexto para echar a andar este (poco) pretencioso compilado de subjetividades.

Vuvuzelas, pulpos, inseguridad, Capellos, Shakiras, Jabulanis, Maradonas, locutores, Zakumis, Ronaldos, árbitros, Anelkas. Es cierto. Situaciones estúpidas y personajes bizarros conspiraron para opacar al mundial, pero al final no lo lograron. Y terminó ganando el fútbol. España fue el campeón, reivindicó a la justicia y dio una bofetada a los escépticos que no palpitaban sorpresas y anticipaban más de lo mismo.


Claro está, era demasiado pensar en Uruguay levantando la copa, como lo aseguraba más de un vidente y numerólogo; fue un simpático vaticinio que venía sugestionándome después de ver hace unos meses un recorte de periódico que reposaba en la pared de la carnicería al lado de mi casa. Alguien aseguraba que Forlán y sus amigos iban a ganar su tercer mundial. No estuvo lejos de ser cierto. Uruguay terminó cuarto.

Muy bien interpretado en la Eurocopa, donde se llevaron el título, el libreto español no cambió para el Mundial. La sociedad Villa - Xavi - Iniesta - Silva - Fábregas - Navas - Ramos jamás abandonó su romántica idea de jugar al fútbol, ni siquiera tras el 0-1 en su debut ante los suizos, ni tras las 4 ajustadas victorias por la mínima diferencia conseguidas en octavos, cuartos, semifinal y final.


El juego colectivo que privilegia el buen trato al balón se mantuvo siempre y, gracias a esto, los de Vicente del Bosque terminan cosechando hoy lo que vienen sembrando hace años. Bajo esa tónica, el 11 de julio de 2010, Íker Casillas levantó una merecida Copa que en definitiva no fue para Alemania, Brasil, Argentina ni Holanda.

Curiosamente, fue una generación que practica un fútbol a la holandesa la que logró lo que ninguna otra pudo. Y de paso, dejó a la mismísima Holanda (por tercera vez) a las puertas de su primera Copa del Mundo por culpa de un gol de Iniesta, 5 minutos antes de una tanda de penales que pudo premiar a la injusticia.


Hoy, la resaca post-mundialista aún se siente y costará asimilar que el mundial terminó y la vida sigue. La afiliación a Direct TV es por un año y habrá que pagar las mensualidades. Juanma asume como Presidente, a mi tía se le vienen varias colonoscopias encima, los polos seguirán derritiéndose por culpa de las emisiones de carbono y tendré que seguir aguantándome a mi jefe sin tirarme por la ventana. Nada que hacer.

El caso es que por un mes lo anterior pasó a un segundo plano, el fútbol le rindió homenaje a la justicia y... de paso, me hizo ganar dos pollas. Gracias, escépticos.